Alicante vuelve a mirar su paisaje urbano con una propuesta pensada para caminar, observar y entender mejor la ciudad. La programación de Senderos de Otoño reúne tres itinerarios ambientales guiados y gratuitos, con salidas en domingo y un formato muy claro: grupo reducido, inscripción previa y un recorrido que mezcla naturaleza, patrimonio y memoria urbana.
La edición de 2026 se reparte entre el Monte Benacantil, el parque inundable de La Marjal y el entorno del Museo de Aguas de Alicante y los Pozos de Garrigós. Tres planes distintos, pero unidos por una misma idea: acercarse a espacios que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad y verlos con otra lectura, más atenta y más pausada.
Un programa para caminar la ciudad con otros ojos
La primera cita lleva al Monte Benacantil, un recorrido ambiental por las laderas del castillo de Santa Bárbara que combina historia y valor natural. Es una forma distinta de subir y mirar uno de los enclaves más reconocibles de Alicante, con un itinerario de dos kilómetros pensado para que el paseo tenga tanto lectura paisajística como contenido patrimonial.
Después llegará el turno de La Marjal, donde la propuesta incorpora una novedad muy atractiva: el anillamiento científico de aves. No se trata solo de pasear por un parque, sino de ver cómo se trabaja para estudiar y conservar la fauna urbana, en un espacio que además funciona como sistema hidráulico y refugio de biodiversidad. ¿Cuántas veces se tiene la oportunidad de unir naturaleza, ciencia y ciudad en una misma salida?
La Marjal y el anillamiento de aves, la novedad más llamativa
El segundo itinerario pone el foco en La Marjal, un parque que ya de por sí tiene un interés especial por su papel en la gestión del agua y por la variedad de vida que acoge. La actividad empieza con el anillamiento científico de aves y sigue con un paseo interpretativo por el parque, de modo que la visita no se queda en una simple caminata, sino que abre una ventana a la conservación de la biodiversidad urbana.
Ese doble enfoque, técnico y divulgativo, convierte la jornada en una de las más singulares de la programación. El participante no solo recorre un espacio verde, también entiende por qué ese lugar importa para la ciudad, cómo ayuda a equilibrar el entorno y de qué manera el agua estructura el paisaje y favorece la presencia de fauna. En una ciudad mediterránea, ese tipo de lectura del territorio cambia bastante la forma de mirar un parque.