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Jesús Madriñán sigue en Las Cigarreras hasta el 5 de septiembre

18 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Jesús Madriñán sigue en Las Cigarreras hasta el 5 de septiembre
Las Cigarreras, Alicante. Foto: Varondán (BY-SA 4.0)

A estas alturas de agosto, La firmeza de un instante ya forma parte de los planes culturales que todavía se pueden disfrutar en Alicante capital antes de que arranque septiembre con otro pulso. La exposición de Jesús Madriñán permanece abierta en la Caja Blanca de Las Cigarreras hasta el 5 de septiembre de 2026, con acceso libre y horario de 10:00 a 21:30 horas. Para quien busque una visita que no dependa de una sola franja del día, la amplitud del horario juega a favor de una parada serena, sin prisas y con margen para volver sobre las imágenes.

El proyecto reúne retratos de jóvenes inmersos en espacios de ocio nocturno, un territorio que Madriñán ha convertido en materia visual con una mirada precisa y contenida. La noche aparece aquí como escenario, pero no como decorado fácil: las imágenes trabajan la presencia, la espera, la energía suspendida y esa intensidad que a veces asoma en los lugares donde la gente se encuentra para bailar, hablar o simplemente estar. ¿Qué ocurre cuando la fiesta deja de ser ruido y pasa a ser retrato? Esa es una de las preguntas que sostiene la muestra.

Quien quiera ampliar la información oficial sobre la exposición y su calendario puede consultarla en la web del Ayuntamiento de Alicante, donde figuran también las demás propuestas activas en Las Cigarreras. Pero, en el caso de esta muestra, lo más interesante es detenerse en su planteamiento: una serie de trabajos que convierten la noche en un espacio de observación y a la juventud en un territorio de lectura visual, más complejo de lo que parece a primera vista.

Una exposición que mira de frente a la noche

La firmeza de un instante no se apoya en el efectismo ni en la anécdota. Su fuerza está en el modo en que los retratos fijan cuerpos, miradas y presencias dentro de un ambiente nocturno que todos reconocemos, aunque no siempre sepamos nombrar. Madriñán trabaja con escenas donde el ocio deja de ser un fondo y pasa a ser una materia que condiciona la imagen. La noche, en sus fotografías, no sirve solo para ambientar: ordena la relación entre las personas, la luz y el espacio.

Ese enfoque hace que la exposición funcione tanto para quien sigue el trabajo del artista como para quien se acerca sin referencias previas. Hay en estas imágenes un interés claro por el momento detenido, por lo que se mantiene en equilibrio entre el gesto y la espera. La serie no busca explicar la noche ni convertirla en una postal; la observa desde dentro, con la distancia suficiente para que aparezcan sus tensiones. Y ahí es donde el conjunto gana densidad.

En un verano cultural que se va cerrando poco a poco, la propuesta tiene además un valor añadido: ofrece una lectura contemporánea de un tiempo que suele consumirse deprisa. Frente a la inmediatez con la que se viven muchas imágenes de ocio nocturno, esta exposición propone otra cadencia. Mirar despacio, volver sobre los detalles, dejar que cada retrato haga su trabajo. ¿No es precisamente eso lo que a menudo falta cuando todo se reduce a pasar de una cosa a otra?

Jesús Madriñán y la construcción del retrato

El nombre de Jesús Madriñán aparece ligado desde hace tiempo a una forma de entender el retrato que no se conforma con captar una apariencia. Sus trabajos más representativos, reunidos ahora en Las Cigarreras, se mueven en un territorio donde la identidad se construye con capas: la postura, la luz, el contexto y la relación con quienes aparecen en la imagen. Nada queda reducido a un simple registro. Cada fotografía parece pedir una segunda mirada.

Esa manera de trabajar encaja bien con el tema que sostiene la muestra. La juventud, cuando se coloca dentro de un entorno de ocio nocturno, suele ser tratada desde lugares previsibles. Aquí ocurre lo contrario. Lo que interesa es la complejidad de la presencia, la tensión entre exposición y reserva, entre pertenecer al grupo y sostener una individualidad nítida. Madriñán convierte ese cruce en el centro de su propuesta y logra que el retrato no sea solo una imagen de personas, sino también una lectura del tiempo que habitan.

El resultado tiene una cualidad muy atractiva para el visitante: no exige una interpretación cerrada, pero tampoco se agota en la primera impresión. Las imágenes dejan espacio para la observación y para la duda, algo que siempre enriquece una visita a una exposición fotográfica. En vez de imponer una lectura única, la muestra abre varias capas de sentido y permite que cada persona se acerque desde su propia experiencia de la noche, de la juventud o del retrato contemporáneo.

Lo que aporta al visitante en estas semanas de verano

Llegando a la recta final del verano, esta exposición se convierte en una de las últimas paradas culturales potentes que siguen vivas en Alicante capital antes de que el calendario cambie de ritmo. Eso la hace especialmente interesante para quien busca una visita breve pero con contenido, sin necesidad de encajarla en una programación compleja. La entrada libre facilita además que pueda integrarse con naturalidad en una tarde cualquiera, sin que la decisión de ir dependa de una planificación larga.

La franja horaria, de 10:00 a 21:30 horas, amplía mucho las posibilidades. Hay margen para ir por la mañana, para hacer una parada a media tarde o para acercarse al final del día. En una muestra que trabaja con la nocturnidad como materia visual, esa amplitud horaria tiene incluso algo de coherente: permite que la visita se adapte a distintos ritmos, sin obligar a convertirla en una excursión rígida. La exposición no pide una ceremonia; pide atención.

Además, la fecha de cierre, el 5 de septiembre, sitúa el plan en un tramo concreto y limitado. Eso le da una urgencia tranquila, más propia de las cosas que conviene encajar antes de que desaparezcan del calendario que de las grandes convocatorias de masas. Queda tiempo, pero no demasiado. Y esa medida exacta, en cultura, suele ser una buena noticia para el público que prefiere elegir con criterio y no por inercia.

Las Cigarreras como marco para una lectura contemporánea

Aunque el protagonismo está en la obra de Madriñán, Las Cigarreras funciona aquí como un marco que favorece la lectura contemporánea de la muestra. La Caja Blanca acoge una propuesta que no necesita grandes artificios para sostenerse, porque el interés principal está en la imagen y en la forma en que se organiza la serie. Esa sobriedad ayuda a que el recorrido se centre en lo esencial, sin distracciones innecesarias.

En este momento del año, cuando muchas agendas culturales empiezan a mirar de reojo al curso que viene, tener todavía abierta una exposición de este calibre es una buena señal para la provincia de Alicante. No porque se trate de una gran cita multitudinaria, sino porque mantiene activa una conversación con el público que busca arte contemporáneo en una fecha en la que no siempre abundan las opciones con contenido. Aquí no hay prisa por cumplir: hay una propuesta que sigue disponible y que sigue ofreciendo lectura.

También hay algo atractivo en el contraste entre el tema y el espacio expositivo. La noche, el ocio, la juventud y el retrato se trasladan a una sala donde la mirada puede detenerse sin ruido. Ese paso del ambiente nocturno a la contemplación diurna cambia la percepción de las imágenes y refuerza su dimensión artística. Lo que en otro contexto podría pasar por una escena rápida, aquí se vuelve forma, composición y tiempo detenido.

Una cita breve, abierta y bien situada en el calendario

Con el 5 de septiembre como fecha de cierre, La firmeza de un instante entra en la categoría de planes que todavía se pueden organizar sin apuro, pero que ya no conviene dejar para después. La exposición mantiene intacto su interés como propuesta de final de verano en Alicante capital y ofrece una forma clara de acercarse al trabajo de Jesús Madriñán desde una selección de sus piezas más representativas. Esa combinación de acceso libre, horario amplio y contenido sólido la coloca en una posición muy cómoda para quien busca cultura con poco trámite y bastante fondo.

Hay muestras que se visitan por curiosidad y otras que permanecen en la memoria por la manera en que ordenan una idea. Esta pertenece a ese segundo grupo. Al salir, queda la sensación de haber visto algo más que una serie de retratos: una lectura de la noche, de la juventud y de la imagen como espacio de observación. En una provincia donde el calendario cultural de agosto ya mira hacia septiembre, pocas propuestas encajan tan bien con el momento como esta.

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