Beniardà concentra una de las citas más sugerentes de Circarte con una jornada pensada para mirar el circo desde distintos ángulos. Bancal Escènic acoge el 17 de octubre una programación continua que pasa por el showcase, el taller participativo y el espectáculo de sala, todo con acceso libre y un mismo hilo: el cruce entre cuerpo, tradición y mirada contemporánea.

La propuesta arranca con ¡Qué me quiten lo bailao!, de Sophia y Elena, un trabajo breve que mezcla danza, circo y teatro para rescatar la memoria de las mujeres trabajadoras de la huerta murciana. Después llega un taller de jota murciana abierto al público, una invitación a entrar en ese universo desde el movimiento y el aprendizaje compartido. La jornada se cierra con Transhumància Artificial 3.9, de Circ A Foc Lent, una pieza que convierte el mundo rural en terreno de reflexión escénica.

Un showcase que convierte la memoria en juego

A las 13:00, Sophia y Elena presentan ¡Qué me quiten lo bailao!, un primer espectáculo de circo nacido de su trabajo con portes acrobáticos y de una investigación que parte de Memorias de una piedra sepultada: los cantares colectivos de las murcianas obreras. El resultado no se queda en la cita literaria ni en la reconstrucción histórica, sino que la transforma en una escena viva, con delantales, limones y cajas de campo como únicos apoyos materiales.

Lo interesante aquí es la manera en que la pieza cruza cuerpo, humor y memoria colectiva. Hay esfuerzo, complicidad, carreras, abrazos y también una ligereza que desarma cualquier solemnidad. ¿Puede una pieza tan breve abrir una puerta tan clara hacia un paisaje humano y político? En este caso, sí: lo hace desde la alegría, sin perder de vista a quienes trabajaron la tierra y sostuvieron una parte esencial de la cultura popular.

Bailar la tradición para entenderla mejor

Tras el showcase, a las 13:30, el público tiene la oportunidad de participar en un taller de jota murciana impartido por las propias Sophia y Elena. No se trata solo de aprender unos pasos, sino de entrar en contacto con un baile tradicional desde la práctica, con el cuerpo como herramienta de transmisión y no como mero espectador.

Ese gesto encaja muy bien con la filosofía de la jornada: aprender haciendo. El taller prolonga lo que propone el espectáculo y lo convierte en experiencia compartida, con una dimensión cercana que le da sentido al conjunto. En una programación de festival, pocas cosas resultan tan valiosas como un momento en el que la escena deja de ser frontal y pasa a convertirse en intercambio real.

Un cierre distópico para pensar lo rural de otra manera

Ya por la tarde, a las 17:00, llega Transhumància Artificial 3.9, de Circ A Foc Lent, una pieza de 45 minutos que mira al futuro desde una distopía con ecos surrealistas. La figura de un pastor marcado por los traumas, la soledad y el paisaje devastado articula un trabajo donde conviven objetos naturales y tecnológicos, manipulación, equilibrio y una atmósfera que empuja a pensar en la relación entre territorio, memoria y tecnología.

La obra funciona porque no se limita a describir un conflicto: lo encarna en escena. El desequilibrio entre lo natural y lo tecnológico aparece como una tensión física, casi palpable, y eso le da al espectáculo una fuerza particular. Frente a la idea romántica del campo, aquí aparece un paisaje mental y material atravesado por la fragilidad, la desconexión y la necesidad de buscar otras formas de estar en el mundo.

Una tarde para seguir el pulso del festival

La combinación de las tres propuestas hace que la jornada de Beniardà tenga algo poco habitual: un recorrido que va de la recuperación de la memoria a la práctica compartida y de ahí a una pieza de creación más abstracta y crítica. Todo sucede en un mismo día, pero cada bloque abre una puerta distinta al circo contemporáneo, con lenguajes que se tocan sin repetirse.

Precisamente por eso, esta cita resume bien la personalidad de Circarte: circo como arte de encuentro, pero también como forma de pensar el presente desde el cuerpo, la tradición y el riesgo. En Beniardà, esa idea se traduce en una programación compacta y muy bien medida, capaz de atraer tanto a quienes buscan participar como a quienes prefieren dejarse llevar por la escena.