Entradas y precios para elegir la noche
La entrada más básica para ver el espectáculo cuesta 40 euros e incluye solo el show. Es la opción más directa para quienes prefieren cenar antes o después, sin quedarse atados al menú de la sala. En esa modalidad, además, la mesa puede ser compartida.
A partir de ahí, la experiencia sube de nivel con distintas opciones. El paquete Show Palace Experience cuesta 50 euros e incluye espectáculo, tapa, una copa de vino y mesa reservada. Luego aparecen los menús de cena, con la opción Gran Palace por 60 euros, el Gran Palace Plus por 70 euros, el Gran Palace Platinum por 90 euros y el Gran Palace Platinum con backstage por 110 euros, que añade también cava, vino, café y acceso a la zona VIP, además de la visita tras el escenario.
Una salida pensada también para familias
El público infantil también tiene su sitio en esta programación. Los niños de 8 a 14 años pueden entrar al show por 20 euros, mientras que la opción Show Palace Experience para menores cuesta 20 euros.
Ese abanico hace que la noche no quede reservada solo para parejas o grupos de adultos. También puede funcionar como plan familiar si se busca una salida distinta, con una puesta en escena pensada para llamar la atención desde el primer momento.
Días, horarios y ritmo de la velada
Las funciones de Trivium se celebran en martes, jueves, viernes y sábado. El espectáculo comienza a las 22:00, salvo los sábados, que arranca a las 22:15. Las puertas se abren a las 20:00, así que hay margen suficiente para entrar con calma, acomodarse y, en el caso de quienes han elegido cena, sentarse sin prisas.
Para quienes van a cenar, el horario importa de verdad: hay que llegar antes de las 21:15 o la comida no se sirve. En una propuesta como esta, esa hora marca el ritmo de toda la noche y conviene tenerla muy presente para no quedarse solo con la parte escénica cuando se quería vivir el formato completo.
Un clásico que ha sabido renovarse
Benidorm Palace abrió sus puertas en 1977 y desde entonces ha ido cambiando de piel sin perder su identidad de gran sala de espectáculos. La reforma de 2005 actualizó el edificio por dentro y por fuera, y lo convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad, con una fachada brillante y una infraestructura pensada para grandes públicos y eventos de todo tipo.
Esa trayectoria ayuda a entender por qué la producción actual no llega como una rareza, sino como una nueva etapa dentro de una historia larga. El lugar ha pasado por distintas épocas, pero mantiene una idea clara: ofrecer una noche de espectáculo con empaque, en la que la cena y la escena conviven sin pisarse.
Hay salas que viven de la novedad y otras que sobreviven gracias a su memoria. Aquí pesan las dos cosas al mismo tiempo, y quizá por eso sigue funcionando tan bien.