Aaron Sevilla lleva su afro house a Bigastro con Vértigo

Una noche de clubbing con una de las figuras más sólidas del sonido afro-latino.

Aaron Sevilla lleva su afro house a Bigastro con Vértigo
Aaron Sevilla en Carmen 24 / Metro Dance Club. Foto: Aaron Sevilla

Aaron Sevilla aterriza en Bigastro con Vértigo, una cita pensada para quienes buscan una noche de clubbing con pulso propio y un sonido que cruza fronteras. El nombre del DJ mexicano se ha hecho fuerte en la escena internacional gracias a una mezcla muy reconocible de afro house, afro latin house y tribal house, con percusiones marcadas, bases electrónicas y un sello que bebe de las raíces latinas sin perder filo en la pista.

La propuesta llega a Carmen 24 / Metro Dance Club con una idea muy clara: concentrar en una sola noche la energía de un directo construido para el baile, la conexión con el público y ese tipo de sesión que no se limita a poner temas, sino que empuja el ritmo hacia delante. En cartel figura para el sábado 31 de octubre, con entradas desde 17 euros.

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Un directo que mezcla raíces y club

La mejor carta de presentación de Aaron Sevilla está en su forma de entender el house. Su nombre se asocia a una escena en la que conviven el empuje de la percusión tribal, la cadencia africana y una lectura contemporánea de la música de club. No va de adornar el sonido, sino de darle cuerpo, tensión y movimiento. ¿Qué pasa cuando esa fórmula se lleva a una sala preparada para aguantar una noche larga? Que el foco se desplaza por completo hacia la pista.

Entre sus temas más conocidos figuran El Flamenco, publicado en 2023 junto a MËSTIZA, y A Tu Vera, una lectura afro house de un clásico de la música española que apareció en 2025. Son dos referencias que ayudan a entender por dónde se mueve su proyecto: respeto por la tradición, pulso actual y una manera de producir que busca impacto inmediato sin perder personalidad.

Lo que propone Vértigo

Con Vértigo, la sesión gira alrededor de una idea sencilla y eficaz: una noche de intensidad sostenida, donde el DJ guía el recorrido con cambios de energía, capas rítmicas y una conexión muy directa con el público. La fuerza de este formato está en su capacidad para convertir la escucha en movimiento, y el repertorio de Aaron Sevilla encaja precisamente ahí, en ese punto en el que el afro house se vuelve físico y expansivo.

El cartel de la noche se completa con Claudia León, Carlos Agraz y Pive, una combinación que apunta a una sesión larga y bien armada, pensada para ir creciendo a medida que avanza la madrugada. En ese contexto, Vértigo no se entiende como una simple actuación aislada, sino como una noche de clubbing con personalidad propia, de esas que se sostienen tanto por el nombre principal como por el diálogo entre los distintos sets.

Un nombre que ha ido ganando peso

La trayectoria de Aaron Sevilla explica por qué su presencia despierta interés dentro y fuera de España. Su proyecto se ha ido consolidando como una referencia para quienes siguen de cerca la evolución del afro house y sus cruces con el latin house y el tribal. Esa combinación le ha permitido moverse con naturalidad entre la pista y la producción, construyendo un catálogo en el que cada tema refuerza una identidad muy marcada.

En su repertorio también aparece Anhelo, otro de los cortes que ayudan a dibujar su perfil artístico, junto con piezas como Energías o Two Aladins, que apuntan a una línea de trabajo centrada en la fuerza del ritmo y en una lectura moderna del club. No hace falta exagerar el relato: basta con escuchar cómo articula sus temas para entender por qué su nombre se ha vuelto familiar en circuitos cada vez más amplios.

Una cita para quienes buscan pista de baile

Más allá del cartel, Vértigo funciona como una invitación a entrar en una sesión donde el protagonismo recae en el sonido y en la respuesta de la sala. Bigastro recibe así una noche de clubbing que mira de frente a la cultura electrónica contemporánea, con un artista que ha sabido convertir una mezcla de influencias en una firma reconocible.

Hay noches que se sostienen por la nostalgia y otras por la novedad. Esta apunta a lo segundo, pero con un discurso muy asentado: ritmo, identidad y una idea clara de lo que debe pasar cuando el bajo entra y la pista responde. Ahí está su interés, en esa tensión bien llevada entre técnica, energía y baile.

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